Si hemos de ser sinceros con nosotros mismos, todo cuerpo representado logra llamar la atención, presenta cuestionamientos difíciles de resolver a través de palabras basadas en ideas; las cuales tienen como fundamento la voluntad de un ser superior que consideró a la humanidad perdida sin su intervención.
Pero como la historia lo demuestra, el arte encuentra una salida y aun representando imágenes religiosas logró que estas fueran sensuales y mostraran placer.
Ese es el caso del escultor Bernini, quien a pesar se haber realizado la mayor parte de sus obras para el Vaticano, representó las palabras con que Santa Teresa relató su encuentro con el ángel ("...su gran lanza dorada [...] henchida de fuego [...] me penetró varias veces [...] hasta mis entrañas [...] una dulzura tan extrema que nadie habría podido desear que se detuviera.") de una manera mucho más sensual y física de lo esperado por la iglesia que había realizado dicho encargo. Debido a que era demasiado "explícita sexualmente" según las ideas de la época, dicha obra fue rechazada por el Papa Urbano VIII y desplazada a una capilla menor para que no estuviera a la vista de los feligreses. En dicha obra lo único que demuestra verdadero placer es el rostro de la santa, pues el cuerpo y hasta el cabello se encuentran recubiertos por pliegues de tela que disimulan por completo las formas femeninas.
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| Bernini - Extasis de Santa Teresa |
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| Bernini - Detalle de Extasis de Santa Teresa |
Según lo comenta D. H. Lawrence: "Bataille describe tres formas del erotismo: el erotismo del cuerpo, el erotismo del corazón y el erotismo sagrado. Este último abarca la experiencia mística...", por lo que podríamos afirmar que la obra antes mencionada tiene un erotismo manifiesto aun evitando mostrar la piel, y que fue expresado sólo a través de los gestos y los pliegues.
Una obra similar y también de Bernini, es la escultura de
Ludovica Albertoni, aunque en la misma, el artista se permite mostrar unos centímetros más de piel y a sugerir la curva de un seno, confiriendo de esta forma una visión mucho más humana del gozo que la embarga. El cuello al descubierto, arqueado; la cabeza hacia atrás y la boca levemente abierta, así como la posición de la mano, nos enfrentan a una obra en la cual la belleza de la realización nos deja ante el placer. Todo esto a pesar de haber estado representando a una beata. Los pliegues esculpidos en roca nos muestran la suavidad de la tela, la maleabilidad del género y la amplitud del hábito.
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| Bernini - Ludovica Albertoni |
Cuando comenzó a hacerse la luz sobre la oscuridad, los grandes señores encargaban obras "especiales" para sus colecciones particulares (y muchas veces secretas). Nuevamente la mujer, la piel, era objeto de contemplación y de deseo. A escondidas de la sociedad, estas obras tuvieron un mercado muy amplio, poseer una colección de ese tipo, garantizaba a su propietario ser reconocido por su poder y su riqueza, así como por la posesión de la modelo, muchas veces amante del que encargaba la obra.
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| Botticelli - Nacimiento de Venus |
Numerosos artistas realizaron este tipo de comisiones, entre ellos Botticelli, Velázquez y Durero. Además, el tema de la obra siempre debía ser alegórico y jamás convenía presentar un desnudo sin una explicación o una causa que lo justificara. Así surgieron obras como
La Venus del Espejo de Velázquez o
Alegoría de Venus y Cupido de Bronzino, otorgándole la mitología una evasiva a los artistas.
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| Velazquez - Venus en el Espejo |
De esta manera se concibieron obras en las que se representaba tanto al Amor como a Venus en la mayoría de los casos desnudos.
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| Bronzino - Alegoría de Venus y Cupido |
El gran ausente en todo este período fue el cuerpo masculino sin ropas, y cuya aparición se produjo recién a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Los más cercano a un hombre desnudo fueron las apariciones de los sátiros, aunque debido a la falta de genitales masculinos, la impudicia era evitada.
Otra ausencia importante es el vello corporal, pues lo hace más real y por lo tanto más sexual. Los pliegues desaparecen y aparece la piel, real, contundente, sin disimulos de ningún tipo.
De todas esas obras, podría considerarse muy llamativa
Lucrecia de Cranach, pues nos muestra una mujer real absolutamente desnuda.
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| Cranach - Lucrecia |
En esta obra no hay más que un cuerpo esbelto, suave y redondeado, de finas formas. El único pliegue que sostiene es una leve cinta traslúcida que no la cubre y que nos deja frente a una mirada de profundo dolor, quizás tan hondo como el dolor físico que podría causarle el puñal que sostiene en la mano. El cabello, que podría servir de ayuda para tapar su desnudez, se encuentra trenzado y recogido en la nuca, evitando cualquier sentimiento erótico que pudiera surgir. Además no hay un fondo recargado que permita distraer la atención de la imagen central, tampoco al observarla hay una sensación de sensualidad, como sucede con otras obras, sino que aparece a simple vista desasosiego, soledad y pena por la mujer allí representada.
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